Reinterpretando la eficiencia en gestión

Necesitamos una nueva interpretación de la gestión, nos hemos centrado demasiado en la persecución de la eficiencia. Son errores comunes en la gestión actual atender sólo al corto plazo y la obsesión por no aceptar aquello cuyo resultado esperado no sea tangible y medible. Buscamos resultados y siempre de la forma más rentable posible.

Continuamente, hablamos de innovar, liderar o emprender para afrontar los tiempos veloces, inciertos e hipercompetitivos en que nos encontramos. Hablamos de gestión del cambio y, al mismo tiempo, tratamos de perseguir (y alcanzar) la misma eficiencia que antaño. Como si innovar, liderar o emprender se pudiese conseguir siguiendo los modelos de las empresas estables, seguras y locales del pasado.

¿Es suficiente alcanzar la máxima eficiencia?

Evidentemente, no. Ya no se trata sólo de alcanzar la máxima eficiencia, esto es útil sólo en algunos contextos. El reto es gestionar esas situaciones donde ser eficiente no siempre es necesario. Esos ámbitos donde no podemos acertar siempre o conseguir un resultado inmediato, porque no disponemos del control absoluto.

Cuando en scalabBle trabajamos con empresas en proyectos de liderazgo, innovación o (intra)emprendimiento, hay dos factores esenciales con los que convivimos: el riesgo y la incertidumbre. Por su naturaleza, ninguno permite gestionar mediante la optimización continua. Si, además, añadimos la variable que nuestras organizaciones funcionan como sistemas complejos, se entiende que las decisiones no pueden argumentarse sobre una base cierta e inequívoca. Muchas veces, lo único cierto es que el resultado es incierto y, entonces, es absurdo decidir en base a objetivos específicos y rentabilidad.

Toma eficiente de decisiones, no decisiones eficientes

No se trata de tomar decisiones eficientes como antaño, sino de ser eficiente tomando decisiones ante la incertidumbre y la complejidad.

Asumiendo que no siempre es posible perseguir la eficiencia, y que ni siquiera podemos asegurar la eficacia, tomamos las decisiones de otra manera. Nuestra motivación para decidir residirá en el hecho de generar una nueva oportunidad incierta. Simplemente, tratamos de alterar las condiciones a nuestro favor o intentamos reducir el riesgo que corremos.

Decidimos sin poder asegurar un resultado concreto, aún haciendo bien todo lo planificado. Se trata de decidir tratando de mejorar las posibilidades de que ocurra y obtengamos aquello que esperamos, sin obsesionarnos en hacerlo de la forma más eficiente.

Por tanto, antes de tomar una decisión, debemos plantearnos:

  1. ¿Merece la pena tratar de ser eficiente en este contexto?
  2. ¿Puedo asegurar el resultado si hago todo bien?
  3. ¿O esta decisión sólo modifica las condiciones a mi favor para obtener lo que espero?

Estas tres preguntas te dejan muy claro a qué te enfrentas. La capacidad de entender y tomar este tipo de decisiones marcará la diferencia. Se trata de ser eficientes en aquello que controlamos y eficaces en lo que necesitamos, mientras tratamos que ocurra lo que nos conviene.

Créditos de la fotografía: Jacob Bøtter en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Javier Martínez Romero

Interesado en la gestión en entornos de incertidumbre, desarrollando el concepto de gestión relativa. Co-fundador de scalabBle. Siempre simplificando.
En Twitter: @javisagan

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