Gestión de la incertidumbre (parte 1)

Afrontamos la gestión de la incertidumbre cuando tratamos de alcanzar un objetivo y no todo está en nuestras manos. Sucede en la mayoría de ocasiones, así que es prioritario aprender a gestionarla.

La gestión de la incertidumbre no es un arte, es un oficio

La gestión de la incertidumbre se suele afrontar con un enfoque basado en el uso de herramientas que nos permitan sentir que gestionamos con mayor garantía. Herramientas tales como la planificación, las previsiones o estudios de evaluación, por poner algunos ejemplos.

No podemos decir que estos sean instrumentos inútiles, pero sí que debemos utilizarlos con mesura porque pueden tener efectos perversos. Sobre todo, si creemos que con ellos dominamos una situación o un proceso en el que hay muchas circunstancias que no podemos controlar. De hecho, puede llegar un momento en el que ya no nos mantengamos alerta ante la posible aparición de factores que desconocíamos o no teníamos previstos. Al creernos seguros olvidamos la propia incertidumbre y dejamos de gestionarla. Sucede de forma natural, pues nos sentimos más cómodos cuando tenemos sensación de control.

Las herramientas pueden ser útiles para un momento o caso concreto, pero no deben convertirse en nuestra única capacidad.

Gestión de la incertidumbre: conocimiento, experiencia y práctica

La gestión de la incertidumbre consiste en entender una situación de forma general, distinguir lo que podemos controlar o no y así tomar decisiones correctas. Éste es un oficio donde son prioritarios el conocimiento, la experiencia y la práctica. El conocimiento necesario para interpretar la situación. La experiencia que permite saber y afrontar las tensiones y dudas propias de procesos inciertos, y la práctica para ejecutar a la perfección las decisiones sobre lo que no hay ninguna duda acerca de cómo hacerlo bien.

Se refiere a todo tipo de proyectos, situaciones y escenarios. Establecer el liderazgo de una empresa, crear una marca, educar a tu hijo/a o incluso el hecho de jugar un partido de tenis. En todos los casos se trata de asuntos muy inciertos. En todos, el conocimiento, la experiencia y la práctica tienen mucho que aportar.

Tener conocimientos empresariales, e incluso generales, ayudará a tener una visión holística de la empresa que permite interpretar mejor nuestra situación en el mercado, y así crear o gestionar con mayores garantías.
La experiencia de un primer hijo siempre da mayor seguridad a la hora de tomar decisiones relativas a la educación del segundo, aún cuando su futuro sea muy incierto.
Y está claro que sin tener la práctica suficiente para ejecutar perfectamente un revés cruzado o paralelo, difícilmente ganaremos un partido, aunque la experiencia nos permita reponernos de los momentos difíciles y aprovechar mejor los favorables. Ganar un partido de gran nivel supone golpear a la perfección, gestionar los estados de ánimo y tener conocimientos sobre cómo afectan factores como al altitud, la humedad o la temperatura al comportamiento de la pelota o al rendimiento físico.

No podemos asegurar qué sucederá con la marca, qué ventajas aportará a nuestro hijo/a su educación o si ganaremos el partido del fin de semana. Pero podemos cultivar nuestro conocimiento, aprovechar nuestra experiencia y mejorar la práctica como medios para mejorar nuestra capacidad de gestionar la incertidumbre. Así mejoraremos la posibilidad de acierto en nuestras decisiones, y de éxito en la consecución de los objetivos.

Una vez que conocemos cómo mejorar, en el próximo artículo hablaremos de cómo lidiamos de forma natural con la incertidumbre. Y cómo desarrollar un modelo efectivo para gestionar.

Créditos de la fotografía: LaPrimaDonna en Flickr (bajo licencia Creative Commons)

Javier Martínez Romero

Interesado en la gestión en entornos de incertidumbre, desarrollando el concepto de gestión relativa. Co-fundador de scalabBle. Siempre simplificando.
En Twitter: @javisagan

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